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lunes, 22 de febrero de 2010

Cojear no es un pecado

La ciencia y el capitalismo están unidos para lo mejor y para lo peor desde sus inicios. Pero es después de la Segunda Guerra mundial, en el Japón, que crearon el monstruo de la evaluación. Se extendió a continuación como un reguero de pólvora en el mundo gracias a los adeptos de las TCC. En efecto, sueñan con tratar al personal de la fábrica de la misma manera que los motores que fabrica para mejorar la productividad. La cultura de la evaluación reposa sobre la idea simple de que casi no hay diferencia entre el humano y el objeto. Sencilla razón de cualidad para cuantificar. La cualidad se convirtió entonces en el lema al nombre del cual la caza de los vivos empezó, porque la cualidad, que marca la diferencia, es la vida misma.
La evaluación - con su cultura del “todo cuantificable” - no solo se rebela contra la vida, sino que la persigue hasta la muerte. Primero, suprime la palabra y la sustituye con cuestionarios de casillas. Luego, acosa la libido con cálculos absurdos que pretenden acabar con su opacidad sin embargo irreductible y paralizan así el propio movimiento que anima a cada ser vivo. Estigmatizar la actividad “de más”, que tiene que ser reeducada, es sólo la parte visible de la máquina de cuantificación que mortifica cada ser vivo en el nombre de la cantidad. Por último, la evaluación acelera la desmaterialización del vínculo social a golpes de teletransmisiones de toda clase. Privado de la palabra, de la posibilidad de movimiento, y amputado del cuerpo a cuerpo salvador, el malestar se cristaliza en una desesperación que conduce al suicidio. Del parvulario al geriátrico, ningún ciudadano se libra de los falsos profetas de la evaluación. Ninguna otra cultura produce tantos muertos en tiempo de paz.
En cincuenta años, la cultura de la evaluación ha colonizado las más nobles instituciones de nuestras democracias: economía, universidad, justicia, salud, etc. Nadie se libra del adoctrinamiento devastador de la evaluación, hasta el punto en el que la libertad menguante encoge durante el lavado de cerebro en regla que éste le administra a la fuerza. La crisis financiera da sin embargo la idea del beneficio que se puede sacar de tales evaluaciones. El consumidor asfixia el ciudadano cuyo sueño democrático se marchita. La crisis de las universidades demuestra hasta qué punto el saber está corrompido por la evaluación, que lo reduce cada vez más a artimañas numéricas tan ineptas como inútiles. La justicia también corre el peligro de sucumbir desde que los expertos en evaluación del alma decidieron pasar por encima de las leyes para imponer la suya: encarcelamiento y detención prolongada según su idea y no por crimen o delito.
La verdadera toma de poder ocurrió en 1978, en la OMS. Fue entonces cuando los adeptos de las TCC inauguraron una burocracia loca que a continuación corrompió las otras administraciones europeas. Con la sustitución de la idea de enfermedad mental por la de salud mental, los adeptos de las TCC abrieron la era de la psiquiatrización forzada de nuestras sociedades. Pues, desde entonces, son los prejuicios de los psiquiatras los que deciden de lo que debe ser la felicidad conforme a La salud mental y así dictan las políticas de salud pública. Cada ciudadano se ve así aplicar, como a los motores, la ley del cero defecto. A penas es posible en el mundo inanimado de los objetos, entonces para los humanos, el defecto que es la vida debe cesar. Una vez admitida la identidad del parte facultativo de un motor y de un humano, la salud mental se calcula gracias al síntoma biopsicosocial y otros riesgos psicosociales. Fueron fabricados para poder encasillar todos y cada uno en categorías para normalizar en el nombre de la susodicha salud mental. Cuanto más la evaluación hace creer que la felicidad es mucho tener en los armarios, más impone su ley a los seres. Entonces, la elección se reduce a conformarse o desaparecer. El informe del Centro de Análisis Estratégica sobre la salud mental demuestra hasta qué punto la evaluación se convirtió en un Estado dentro del Estado. Quiere gobernar, sin reconocerlo, las políticas a las que pretende servir, y sin arriesgarse al veredicto de las urnas.
En esta lucha loca contra los defectos humanos, el acto y sus efectos incalculables están rechazados. Los suicidios de masa demuestran que nunca faltarán Antígonas para recordarlo y negar la sumisión al Creonte burócrata que tomó el poder en silencio. Solo un acto político podrá detener la masacre. ¿No podemos, hasta entonces, recordar que, incluso en las Escrituras, cojear no es un pecado?
Agnes Aflalo
Traducción: Begoña Ansorena

martes, 2 de febrero de 2010

Lo que la evaluación silencia. Un caso urgente: el autismo

¿Por qué un Forum?
Porque es necesario explicar los riesgos de la evaluación limitada a la cifra, que silencia lo particular de cada ser humano.
Porque los criterios de falsa ciencia, sostenida hoy en la ideología de la evaluación, en el uso indiscriminado de los cuestionarios y en los argumentos de evidencia científica, pretenden erradicar la subjetividad en la cultura, en el arte, en la universidad, en el campo médico-sanitario, en el campo legal, pedagógico y social; es decir en todos aquellos ámbitos que atañen a los seres humanos. La ciencia no implica eso.
Porque en todas las disciplinas humanas se impone cada vez más un sesgo cuantificador. En base a un trato supuestamente igualitario, se anulan las diferencias entre los seres humanos y se promueve una homogeneización cuyos efectos son devastadores. La evaluación instala en sus fundamentos  una profunda desconfianza sobre el saber de los profesionales; su trabajo se centra cada vez más en responder a las exigencias del sistema evaluativo, rellenando cuestionarios y elaborando estadísticas.
Porque si todas las intervenciones que atañen al individuo se evalúan con un rasero únicamente cuantitativo estamos destinados a la pobreza de pensamiento y al automatismo mental.

¿Por qué el autismo?
Porque en España el autismo se ha convertido en un caso urgente: dos propuestas, una del Partido Popular dirigida al Senado de España y otra al Parlament de Catalunya, han sembrado una gran preocupación entre profesionales que llevan años dedicándose al diagnóstico y tratamiento del autismo. Estas propuestas entienden el autismo únicamente como una deficiencia cognitiva a ser disminuida y como una dificultad de aprendizaje a ser pedagógicamente tratada.
Sigmund Freud y Jacques Lacan pusieron de relieve la particularidad del ser humano, un ser de lenguaje que se diferencia de los demás seres vivos. El lenguaje humano no es un mero sistema de signos sino una estructura simbólica compleja, ya que  las palabras se articulan con la subjetividad de cada uno y el vínculo social está teñido de esa subjetividad particular.
El psicoanálisis entiende, así, que el tratamiento del autismo no puede reducirse a modelos de adiestramiento de la conducta ni a simplificar la complejidad del habla y del lenguaje humano a ejercicios de comunicación.
El autismo no es una deficiencia ni sólo una categoría clínica, sino una manera límite del ser hablante de situarse en el lenguaje y en el vínculo social.
Porque urge continuar manteniendo en el corazón del ser hablante el enigma que lo constituye y porque el autismo así nos lo enseña.

¿Para qué un Forum sobre autismo?
Para argumentar y reflexionar sobre el riesgo que corremos todos si se pierde de vista la dimensión subjetiva, esa dimensión que implica lo real no acotado por la ciencia.
Para que los profesionales, los que se han psicoanalizado y los que se acercan hoy al psicoanálisis digan lo que saben: que el psicoanálisis es una disciplina de plena vigencia, que aporta la comprensión de un real humano que escapa a la ciencia, y que así lo estudia, lo desarrolla y lo contrasta desde hace más de un siglo.
Para que la sociedad civil y sus gobernantes sean conocedores de esta situación: que sobre la etiología del autismo se sabe muy poco y que sesgar los tratamientos con el argumento de una supuesta evidencia científica es caer en una deducción falsa y una tremenda imprudencia.
Para no limitar la oferta de tratamiento a un único modelo teórico que niega el derecho de los ciudadanos a elegir qué tratamientos prefieren para ellos y/o sus hijos.

Los números son hermosos, sí, siempre que se puedan acompañarse de palabras.
La evaluación impone las cifras en detrimento de las palabras y, así, las silencia.
Pero recordemos, las incógnitas van siempre en letras.