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viernes, 26 de marzo de 2010

Mitos sobre el autismo


    Es un lugar común que va tomando cuerpo entre algunos movimientos acusar al psicoanálisis de haber culpabilizado a los padres de niños autistas. Cabe decir que no fue el psicoanálisis quien situó la etiología del autismo en los problemas afectivos entre padres e hijos sino el psiquiatra austríaco establecido en Estados Unidos Leo Kanner, a quien se le debe la primera descripción médica del autismo. Por otro lado, es una ironía o quizás se arraiga en un fuerte desconocimiento de lo que el psicoanálisis es, que se le atribuya “culpar” a alguien. Ningún otro discurso en la modernidad ha desculpabilizado más y ha estudiado mejor el lugar de la culpa en la subjetividad que el psicoanálisis. No es parte ni de la terapéutica ni de la experiencia analítica culpar al sujeto, sino más bien acompañarlo en un recorrido por el cual se pueden situar las coordenadas vitales que han causado el malestar o la angustia y así ofrecer al sujeto una nueva oportunidad. Sin embargo, cuando se trata de la culpa tampoco hay que ignorar que se está considerando un sentimiento profundamente complejo y crucial que resulta de haber integrado de una cierta manera la relación con los demás. Al fin y al cabo, un sujeto sin culpa no percibe el límite de su dominio sobre los otros y, de ese modo, puede llegar a ejercer su poder cínicamente hasta cometer las mayores atrocidades.  Por otro lado, en nuestra cultura judeo-cristiana, la culpa ocupa el centro de la creencia religiosa. Es más, quien se haya dedicado a escuchar el sufrimiento de los seres que hablan, sabe que asegurar a alguien de que la causa de los problemas de su hijo se debe a un error biológico puede que no alivie ni la culpa ni la angustia. El psicoanalista no culpabiliza ni a la familia, ni al niño, ni al analizante. El psicoanalista permite que quien quiere enfrentarse a sus propias visicitudes vitales pueda seguir un camino ético que le lleve hasta las raíces en su mayor parte inconscientes de la culpa.
    Por otro lado, el origen del autismo continua siendo desconocido. Así lo afirma Simon Baron-Cohen, profesor de psiquiatría y psicología del Trinity College en Cambridge donde dirige el Centro de Estudios del Autismo. Asimismo afirma: “aún desconocemos los factores hereditarios exactos que intervienen y sus mecanismos”. Las investigaciones científicas están muy lejos de ser concluyentes. Por ejemplo, Thomas Bourgeron, del Instituto Pasteur de París, ha identificado mutaciones genéticas en un 6% de los casos estudiados ¡Un 6%! Que haya mutaciones genéticas no supone nada de entrada, además haría falta estudiar si estas mutaciones se dan o no en personas no autistas para que fueran científicamente determinantes. Una de las dificultades para establecer las causas yace en la dificultad del diagnóstico mismo, por eso se habla del “espectro autista”. Ninguna terapéutica, ni ninguna investigación seria, humilde y rigurosa, como lo es la verdadera ciencia, puede actuar de espaldas a estos impasses.
    En cualquier caso, sea cual sea la causa y el destino de un organismo humano, éste está habitado por un sujeto que responde de manera singular y única a los avatares de su cuerpo. De este sujeto se ocupa el psicoanálisis. Tanto si su “trastorno” se debe o no a mutaciones genéticas, desconexiones neuronales o desequilibrios hormonales, igualmente el sujeto debe responder a todo ello. El psicoanálisis se ocupa de la respuesta que es, finalmente, lo propiamente humano del ser. Una respuesta única e irrepetible marcada, sin duda, por las contingencias vitales de cada uno. La cura del niño autista desde el psicoanálisis de orientación lacaniana parte de aquí.
    Hace más de 30 años que el psicoanálisis lacaniano se ocupa del autismo en centros europeos. Cuenta con una amplia bibliografía desplegada también en numerosos congresos en los que los profesionales –psiquiatras, psicólogos— dan cuenta de su práctica y la someten a discusión y debate. A todo ello remito a quienes quieran saber más de cómo se orienta el psicoanálisis lacaniano y a quienes no deseen repetir tópicos, a veces injuriosos, que no reflejan nada más que un profundo desconocimiento. 

Neus Carbonell
Psicóloga psicoanalista - Atención precoz

lunes, 22 de marzo de 2010

Por una clínica de lo incomparable

La cantidad impresionante de trabajos sobre el seguimiento de niños calificados como   “autistas” es el reflejo de la complejidad del problema ; atrapados en los debates teóricos sobre la etiología, centro de cuestiones presupuestarias relativas a las políticas de salud, blanco de exigencias educativas y argumento de múltiples demandas de las familias, estos niños se han transformado en  condensadores del imperativo capitalista : contar, clasificar y producir un saber planteado como válido para todos.  En este contexto, la verdad, reducida a la dimensión del consenso, se queda indiferente frente a la producción de instrumentos que obligan al niño a parodiar a los otros, cediendo sobre su modo particular de ligarse a la vida.  Así, las terapias comportamentalistas proponen un anzuelo para colgar, como un señuelo, un semblante de existencia : ésta aparece allí como “adaptada”, o sea en conformidad con los fantasmas subyacentes en los dispositivos de poder.  Privado de su singularidad y negado en la legitimidad de su modo de percepción del mundo, el niño autista se transforma entonces naturalmente en un objeto de la salud mental y en un problema para la salud pública.  Su sufrimiento deroga a la primera e incita a la segunda a erigirlo en “discapacidad”.  Surge así un dominio de buenas intenciones, donde las tentativas de reparación de los “transtornos del desarrollo ” encubren mal la función de subdesarrollado (necesaria al progreso capitalista)  que el niño asegura.  La alianza entre la pasión de curar y la certeza del Bien común encuentran allí su razón de ser.  La plus valía de esta asociación, que se obtiene en términos de adaptación, de integración o de inserción, se traduce  frecuentemente en una reducción del sentimiento de la vida.  “Afectado” por el autismo, clasificado en función de la especificidad de su “transtorno”, el niño entra en una categoría donde el nombre se borra detrás de las cifras : curiosa operación que transforma  su inefable discreción en simple anonimato...

Consintiendo a otra lógica, los psicoanalistas se encuentran con niños que no hablan, que toman poses extrañas, que comen sólo un tipo de alimentos, que no aprenden o que “saben” sin aprender...  Gracias a la enseñanza del Dr Lacan, los analistas no solamente tienen “algo que decirles” sino que les ayudan a construir un semblante capaz de facilitarles el acceso al mundo como es: si bien ya está  allí y ordenado por los otros, el niño debe hacerlo nacer para alojarse en él.  No hay necesidad de voluntad de adaptación, de integración o de inserción: el lugar del niño está asegurado, su sola presencia es la prueba, la del analista da fe.  De este modo se verifica, en acto, que el psicoanálisis no dice qué es un hombre, pero que acoge, cada vez, una  incomparable y única versión.  Es así como la lección del caso obliga a los analistas a demostrar que la cuestión del autismo es, antes que nada, de orden ético.
En esta perspectiva, el grupo Epitomé de la Nueva Red Cereda organizó, en 2008, un ciclo de veladas tituladas “Quiere usted ser insertado?  Clínica cotidiana del autismo ”.  Nos hemos quedado sorprendidos por la presencia de profesionales de horizontes diversos, formados en otras terapéuticas.  Los significantes del Campo Freudiano invitaban entonces a un nuevo lazo social, portador de una esperanza, de una apuesta por otra manera de hacer.  Nuestro esfuerzo apuntó a la demostración, tanto en el plano clínico como en el teórico.  Para ello invitamos a colegas que trabajan sobre diversos aspectos del autismo: estos colegas compartieron su experiencia generosamente, sin ceder en el rigor conceptual ni disimular los límites de sus prácticas.  Sus testimonios, enriquecidos por los cuestionamientos cotidianos acerca de los múltiples riesgos de sus intervenciones, dieron a entender que sólo el consentimiento a la imposible  identidad entre los seres hablantes hace que los hombres sean libres de fundar  una fraternidad digna de ese nombre.  En esas condiciones, a las que debemos velar, el psicoanálisis tendrá siempre algo para decirnos.

Delia Steinmann

jueves, 4 de marzo de 2010

Las paradojas de la evidencia científica

¿Cómo explicar entonces el éxito de estas técnicas, basadas en las “evidencias científicas”? Sin duda es una conjunción de factores que muestran como el (mal) uso que han hecho del paradigma de la medicina científica moderna les mantiene a cubierto de cualquier crítica de charlatanería o pseudociencia, cuando efectivamente se trata de un ejercicio de poder, revestido de cientificismo, en los diversos ámbitos: académico, profesional e institucional. Los fieles y ortodoxos psi, adeptos de la EBM, no se conforman sólo con promover un conjunto de técnicas y una metodología sino que pretenden “arrogarse la condición de paradigma capaz de resolver todas las viejas discusiones de la psiquiatría”, tarea para la cual encuentran firmes alianzas en la industria farmacéutica, la tecnocracia y las TCC (terapias cognitivo-conductual).

La destitución subjetiva que implica el devenir de la medicina científica, encuentra su lógica en la acción sobre el organismo humano pero resulta ineficaz cuando se trata del sujeto, como ser hablante, y de su ámbito de acción. En esa transferencia que las TCC practican de un ámbito a otro, encuentran su “éxito” al precio de “hacer la economía del sujeto”, lo que les permite postular la posibilidad universal de las curaciones, ignorada la opacidad del síntoma y la intencionalidad.

Hoy vemos como la mayor parte de la psiquiatría, una buena parte de la psicología y por supuesto las neurociencias, aspiran a definirse como ciencias de la conducta, excluyendo de su objeto al sujeto mismo. Esa operación exige un cifrado absoluto de los procedimientos, las pruebas diagnósticas, los efectos de la terapéutica, los resultados de los programas. Cifrado que podemos considerar necesario y adecuado en algunas prácticas médicas, en todo lo referido a la terapéutica, ya que constituyen su esencia misma, pero resulta falaz y ridículo cuando se trata de tomar la medida exacta de esa parte del sujeto que no es, ni puede serlo, cifrable, si bien tampoco es inefable.

Es un deber, por tanto, del psicoanálisis y de sus practicantes no dejar el tratamiento de ese real, causa de sufrimiento y punto ciego de las neurociencias, en manos de los charlatanes, sean éstos deudores de la religión tradicional o de esa versión ingenua que pretende un regreso a la animalidad (Laurent) o al maquinismo artificial. Sabemos que el goce no es erradicable, que no se trata de eliminar, ajustar o adaptar esa disruptividad conductual, propia del ser hablante, sino más bien constatar la modalidad de goce singular a cada cual –presente en el sinthome- y como señala Miller, tratar de sellar una nueva alianza con ella, que permita un nuevo uso, más útil para el sujeto.

José Ramón Ubieto - Psicoanalista
Extracto del artículo Las paradojas de la “evidencia científica”: evidencias que no son tan evidentes (www.foroautismo.com)

El día después del encuentro

1-A nivel de la pregunta.

Pensar una colaboración particular para el Forum en el que se incluye el debate sobre el Autismo pasa, para mí, por la pregunta: ¿Para qué un gran encuentro acerca del Autismo? más allá de la obviedad. Con el propósito de bordear esta cuestión me apoyaré –a partir de mi análisis- en mi experiencia de años en la institución pública: social primero, clínica después. Hoy nos encontramos frente a “lo que la evaluación silencia” y nos vemos con fuerza para demostrar, con la lógica de la práctica del caso, y para mostrar con nuestro decir y con nuestra experiencia que algo sabemos acerca de eso que se quiere silenciar. ¿Por qué un Forum? “Porque es necesario explicar los riesgos de la evaluación limitada a la cifra, que silencia lo particular de cada ser humano”(Presentación on-line del Forum Autismo).  Un Forum sobre Autismo, en mi opinión, tiene una función de palanca para impulsar la reflexión y el debate con todos aquellos que se sientan concernidos y tocados por el empuje de la ideología de la evaluación. Ello invade el campo amplio de la subjetividad, por tanto entiendo que el encuentro atraviesa el trabajo que sostienen los psicoanalistas y profesionales de los servicios a la persona con los diversos colectivos de población, tengan un trastorno u otro, una estructura u otra. Lo esencial es que haya un deseo en juego y un malestar subjetivo frente al cual obtener una respuesta. Y ¿por qué ahora toma mayor relevancia?. ¿Quizá es que no hemos sabido hacer de nuestro trabajo particular una transmisión pública?. Luego ¿qué efectos ha tenido nuestro decir en cada una de las jornadas, grupos de investigación, stages,  conversación clínica, etc., organizados por psicoanalistas del campo freudiano donde asisten profesionales de la red educativa, social, médica?. ¿Qué ocurre después, en el trabajo diario, a la hora de la verdad, es decir, del ejercicio de la función de cada uno? Es cierto que la sociedad actual, atravesada por un exceso de normativa pone en acto de manera especialmente descarnada un empuje a borrar, cuando no aniquilar, la subjetividad en el campo de las relaciones humanas. Pero, en mi experiencia, este escenario no es tan diferente que el que nos hemos ido encontrando algunos de nosotros desde la última década del final del siglo XX. ¿Dónde está entonces la diferencia?  Vemos las peticiones y las derivaciones actuales que llegan de los diversos profesionales y de las familias, cuando de sus hijos se trata, y cunde la alarma también entre nosotros. Me pregunto ¿por qué? en un intento de dejar a un lado lo evidente –que justamente es lo más difícil.  Cuando la alarma asoma corremos el riesgo de no tomar la mejor orientación, y nuestras respuestas no pueden estar a la altura de las circunstancias. Si cada uno de nosotros –y somos muchos-, psicoanalistas en nuestras instituciones y consultas, respondemos a una función alrededor de un deseo, lo que no es susceptible de hacer pasar por el protocolo, entonces ¿por qué no confiar más en nuestras posibilidades y en el alcance de la potencia de nuestro discurso y de nuestra intervención?.  En este sentido, me parece que la buena arma es contribuir con buenas argumentaciones y buenos elementos epistémicos extraídos de nuestra formación, que surge en el cruce entre el estudio de la teoría y nuestra particular experiencia. Creo conveniente entonces poder decir lo que cada uno aprende, y lo que cada uno sabe en relación a su práctica. En mi caso, aprendo que hay que combatir sus excesos y perversiones con el trabajo diario. Parece una verdad de perogrullo, pero no lo es.   

2- A nivel de la respuesta 
Hoy nos llega a las instituciones, pero también a las consultas particulares, a través del discurso del Otro contemporáneo una frenética oleada de normas, técnicas sugestivas y manipulativas, peticiones en forma de  mandatos… en relación a los casos de sujetos en situaciones frágiles de vida psíquica y, por ende, de vida social. Proclamamos la llegada de un tsunami imparable, cuestión que no es de mi agrado enunciar porque, a mi parecer, genera más angustia que producción. Claro está, si la legislación avanza en detrimento del sujeto es muy pre-ocupante, pero sabemos que nuestra respuesta es la de (bien)-ocupar-nos del asunto que surge. Por tanto, siempre hay algo que poder decir. Siempre hay algo que poder hacer.   En España por ejemplo, “el autismo se ha convertido en caso urgente”, pero si el parámetro es regirnos por las propuestas políticas y por las peticiones de algunas de las asociaciones de familiares de “enfermos”, la lista se amplia. Dígase los otros sujetos tachados por el otro evaluador de: “hiperactivos, los TOC (trastorno obsesivo-compulsivo), los trastornos (trastornados) de la conducta, los dependientes del consumo de pantallas, los maltratados, los disléxicos… “. Nosotros con todos ellos, uno a uno, trabajamos. Con la familia, maestros, médicos, y servicios que los atienden también. Son muchas horas y muchos días de trabajo, en los que transmitimos nuestra particular manera de leer el sufrimiento del sujeto y de particularizar y orientar los tratamientos. Si hiciéramos un cálculo, calibraríamos el nº de personas que se llevan consigo su ganancia, su más y su menos, producto del encuentro con el psicoanálisis a través de un psicoanalista. Ello nos da el pulso también de nuestros límites, los cuales también transmitimos al otro.  Mi planteamiento es que ésta es una manera combativa de parar la insensatez de esta tendencia evaluadora y controladora que impera en el mercado de las relaciones.  Considero que es necesario producir encuentros para abordar nuestra práctica y nuestra particular modalidad de respuesta ante las problemáticas de época: “Para argumentar y reflexionar sobre el riesgo que corremos todos si se pierde de vista la dimensión subjetiva, esa dimensión que implica lo real no acotado por la ciencia”(Ibid). Pero no es suficiente. Lo crucial es el día de después, cuando es el momento de aplicar lo que hemos aprendido según nuestra experiencia singular. Por ello, hago desde aquí un elogio al trabajo de detalle, fino, advertido, que cada psicoanalista sostenemos en el día a día con los sujetos que se acercan a nuestro lugar a consultar. Este es uno de los marcos privilegiados donde desplegamos una intervención analítica bajo transferencia y donde hacemos pasar, minuto a minuto, nuestra creencia en el psicoanálisis y su utilidad social.  En consecuencia, ¿Cómo respondemos a la situación actual según la ética del discurso analítico?  Una aportación particular es apostar por nuestro savoir et faire, el de cada uno producto de su análisis, del trabajo de control y de su formación analítica. Nada más y nada menos: “A condición de que el analista esté advertido de que su acto, el acto analítico, está orientado por lo real a cernir en cada caso, desde los dispositivos (en los) que interviene” (Presentación de “El debate de la ELP”, 28 de noviembre de 2008, Lucía d´Angelo).  Esta es la vía que me parece nos puede conducir a la consecución de un buen trabajo allá donde nos encontremos en el entramado de la red social. Si el Otro quiere dar consistencia a su gusto por anular la subjetividad del alumno, del paciente enfermo, del usuario, del hijo… Nosotros debemos orientarnos convencidos de nuestro saber pragmático.  Debemos persistir en  enfocar nuestro trabajo hacia el campo de la intervención con el parlêtre : Un sujeto que sufre a partir de un cuerpo que habla, que silencia, que alucina, que delira…Ésta es nuestra responsabilidad ética. En consecuencia, el Forum sobre “lo que la evaluación silencia” deberá ser una buena plataforma para reflexionar y debatir juntos lo que la práctica diaria nos depara y cómo respondemos a ello.  

Rosa Godínez- Psiconalista

domingo, 28 de febrero de 2010

La cifra del autismo

El Comité Consultivo Nacional de Ética (CCNE), sección ciencia de la vida y de la salud, ha publicado recientemente su dictamen nº 102, que se ocupa de la atención al autismo. Este documento avanza una serie de cifras obtenidas a partir de una categoría muy amplia, admitiendo dos tercios de casos “atípicos”: serían 600000, un número que se espera que aumente cada año en 8000 unidades.
¿De dónde proviene esta categoría grande e imprecisa? En las clasificaciones epidemiológicas, las categorías surgidas de la clínica fueron abandonadas a partir de los años ochenta, en provecho de otras, formadas en la perspectiva cognitivo-conductual. Es así que se ha construido la categoría del síndrome autista, problema de la facultad cognitiva. Resultado: la multiplicación por diez del número de casos en veinte años. Viento de pánico. Hay que olvidar que dicha categoría se funda en hipótesis que los últimos veinticino años no han permitido confirmar de ninguna manera.
El CCNE piensa que el abandono de las referencias inspiradas por la tradición clínica es en el interés de las familias y de la ciencia, ya que el psicoanálisis habría “conducido a situar la causa en el comportamiento de los padres, y en particular de las madres (...) en el desarrollo del handicap”. Las instituciones en consecuencia habrían alejado a los padres de los niños. El anexo evoca, con todo, la humanidad de los hospitales, que se debe al trabajo de generaciones de psiquiatras inspirados por el psicoanálisis.
Contrariamente a lo que anticipa el dictamen nº102, no son los psicoanalistas los que primero subrayaron el papel de las madres de los sujetos autistas, sino más bien el inventor del autismo, el Dr. Kanner, a partir de los primeros casos que aisló.
[...]
Decir que el psicoanálisis culpabiliza las familias es mezclar varios niveles. No es el psicoanálisis sino su psicologización lo que lleva a la culpabilización del defecto parental ante el Ideal y a una tipología de los fallos de las madres y los padres.  Por el contrario, la orientación lacaniana proscribe toda culpabilización y está comprometida a actualizar las estructuras significantes y libidinales que subyacen en la psicosis y el autismo, los fenómenos que generan y su lógica propia.
Los tratamientos psicoanalíticos de la psicosis o del autismo se fundan en el dirigirse del sujeto al Otro y buscan establecer un “diálogo”, aunque sea particular. El film que Sandri Bonnaire ha hecho sobre su hermana, presentado por primera vez en el canal de TV France 3 el día 14 de setiembre de 2007 testimonia de la ruptura brutal que se produce cuando el sujeto autista se confronta al rechazo de su “dirigirse al Otro” y muestra por el contrario los espectaculares efectos benéficos que provocan acoger la demanda. De la misma manera Sortir de l’autisme, el libro de Jacqueline Berger, madre de mellizas afectadas, muestra magníficamente que es necesario acoger el dirigirse del sujeto autista y no únicamente educarlo.
Los testimonios de autistas de alto nivel nos indican la particularidad de este dirigirse. Temple Grandin nos dice: “Mi modo de pensar se parecía al funcionamiento de un ordenador, y podía explicar el proceso, etapa a etapa”. A partir de una crisis de epilepsia a los cuatro años, Daniel Tammet se obsesionó con los cálculos, desde entonces sólo los números podían apaciguar su sufrimiento. El día 14 de marzo del 2004, día del nacimiento de Einstein, enumeró en público 22514 decimales del número π. Kamran Nazeer investiga acerca de cuatro compañeros de una escuela especial para autistas a la  que había asistido en 1982; después pasó por Cambridge, trabaja ahora en el ministerio de Asuntos Exteriores. Uno de sus antiguos condiscípulos es analista de discursos políticos en Washington, otro ingeniero de sistemas informáticos, un tercero es ordenanza, con intinerarios muy sabios, verdaderos algoritmos. Estos sujetos autistas han econtrado soluciones que les han permitido insertarse en el mundo. El hecho de no tener empatía no es solamente un “handicap” sino que libera de cualquier comprensión.
[...]
El cognitivismo es pedagógico: ignora las particularidades del dirigirse autístico y toma a su cargo educar al sujeto. Las familias se encuentran transformadas en auxiliares educativos. Esta perspectiva se vuelve delirante en el método ABA (Applied Behavioral Analysis) en que el niño es sometido a cuarenta horas de ejercicios intensivos a la semana. Este ideal pedagógico se revela agotador y conduce generalmente a impases. La culpabilidad puede empujar a los padres a hacerse educadores hasta el límite de sus fuerzas. Las madres sufren especialmente, hasta el desespero, incluso llegan a borrarse con su hijo. Algunos casos recientes, provenientes de Estados Unidos, testimonian de ello. En este país la perspectiva cognitiva reina sin igual en el dominio del autismo. Un artículo del New York Times de junio del 2006 presenta una serie de casos trágicos que muestran los excesos a los que conduce el cognitivismo. Tales casos fueron elegidos por la autora del artículo, ella misma madre de un niño autista. Quería, afirma ella misma, proteger a los padres de las falsas esperanzas a los que son lanzados y que pueden conducir a tragedias.
El dictamen nº 102 evoca la guerra que se libra en Francia, y en otros países, entre psicoanalistas y cognitivistas: hace falta girar página para entrar en la modernidad anglosajona. Visión simplista. El aire llamado anglosajón es de hecho el lugar de otra guerra entre los cognitivistas y ambientalistas. La historia de la fundación Autism Speaks nos da testimonio de ello. Creada en 2004 por el Presidente de la cadena de televisión NBC y de Studios Universal Bob Wright, después del nacimiento de su nieto, diagnosticado de autismo, esta Fundación recaudó rápidamente una gran cantidad de fondos que le permitieron, entre 2005 y 2007, financiar investigaciones destinadas a probar distintas hipótesis: la hipótesis genética, la hipótesis del envenenamiento por un mercurio sintético presente en las vacunas, la hipótesis de la doble causalidad según la cual un gen podría ser activado por el mercurio u otras neurotoxinas. Como el nieto no respondió  a las terapias comportamentales, su madre, hija de Bob y Suzanne Wright, cree firmemente en la virtud de una purificación por la dieta y la evacuación de los metales del cuerpo. Acusó a sus padres y les pidió que se retiraran en favor de una nueva generación. En junio de 2007 sus padres se desmarcaron de las posiciones virulentas de su hija. Ella les reprochó haberla atacado personalmente. Continuará.
Como se ve, partir hacia la búsqueda de las causas no es fácil: las pasiones se desencadenan, no está excluido que se revelen los rasgos persecutorios de las personalidades en esta ocasión. Una guerra oprime también a las familias: se encuentran prisioneras en el campo de la concurrencia victimizadora entre las asociaciones de padres de niños diversamente “handicapados”. Se trata sobre todo de una oportunidad para que Francia no se precipite hacia las heridas de esa llamada modernidad que nos ensalza el dictamen nº 102.
Se empuja a los sujetos de una categoría a la otra, pero sus sufrimientos bien reales permanecen. El autismo esconde una cifra enigmática sobre la cual los sujetos autistas nos llegan a hablar: nos toca a nosotros escucharles. Desmantelar la clínica, reemplazarla por una lista fragmentada de comportamientos observables ligados a hipótesis de déficits cognitivos, eso no va, y no cesa de producir estragos. Sostengamos el diálogo con el autista, definamos los espacios en que sea posible acompañarle, ayudarle a construir un “autismo entre varios”.

Eric Laurent – Psicoanalista
Publicado en Le Nouvel Âne nº 8, Febrero de 2008

Traducción: Neus Carbonell

miércoles, 24 de febrero de 2010

Encuentro entre los sistemas alternativos de la comunicación y el psicoanálisis

Quizá ese encuentro inicial fue totalmente fortuito, en la institución dónde trabajo que atiende a niños y niñas con autismo y psicosis infantil, nos vinieron a hablar de un sistema alternativo y aumentativo de la comunicación que constaba de acompañar la palabra oral con un signo manual  (los signos eran extraídos del lenguaje de signos de la comunidad sorda), nos explicaron cómo introducir el primer signo y los pasos a dar para pasar a un segundo, a un tercero…

¿Qué hacer? Seguir los pasos que nos habían explicado o seguir al niño. De hecho, fue coger un poco de cada, por un lado coger el sistema alternativo y aumentativo de la comunicación cómo un recurso mediador y facilitador de la relación. Coger el recurso a modo de hilo para ir uniendo sonido, forma y concepto y por otro lado, seguir al niño, mirarlo y escucharlo, es decir tener una mirada hacia el sujeto.
Mirada hacia el sujeto… y a partir de aquí ha habido un encuentro entre los recursos que ofrecen los sistemas alternativos y la manera de mirar que ofrece el psicoanálisis. 

Todo esto implica que al estar delante de un niño hay un tiempo de, aparentemente, no hacer  nada, nada más que estar y en ese estar tener el sistema alternativo  como un elemento mediador, hemos observado que el signo permite a algunos niños sacar la voz y de aquí producir alguna palabra oral, dónde cuando ésta sale el signo cae ya que, éste ya no es funcional; para otros niños es la posibilidad de entrar en la demanda, a través de mover las manos hay un código compartido; hay también la entrada a una primera representación.

Es cierto que hay muchas teorías con mucha experiencia con los sistemas aumentativos y alternativos de la comunicación,  experiencia en fundamentar los procesos de aprendizaje y enseñanza con una visión concreta de cómo sucede ¿Y el psicoanálisis? Mi experiencia ha sido que ha permitido poner el recurso (signo manual, fotografía, pictograma) al servicio del sujeto, una manera de facilitar su relación con los otros y con la palabra.
Gemma  Barnés TorrasLogopeda

lunes, 22 de febrero de 2010

Cojear no es un pecado

La ciencia y el capitalismo están unidos para lo mejor y para lo peor desde sus inicios. Pero es después de la Segunda Guerra mundial, en el Japón, que crearon el monstruo de la evaluación. Se extendió a continuación como un reguero de pólvora en el mundo gracias a los adeptos de las TCC. En efecto, sueñan con tratar al personal de la fábrica de la misma manera que los motores que fabrica para mejorar la productividad. La cultura de la evaluación reposa sobre la idea simple de que casi no hay diferencia entre el humano y el objeto. Sencilla razón de cualidad para cuantificar. La cualidad se convirtió entonces en el lema al nombre del cual la caza de los vivos empezó, porque la cualidad, que marca la diferencia, es la vida misma.
La evaluación - con su cultura del “todo cuantificable” - no solo se rebela contra la vida, sino que la persigue hasta la muerte. Primero, suprime la palabra y la sustituye con cuestionarios de casillas. Luego, acosa la libido con cálculos absurdos que pretenden acabar con su opacidad sin embargo irreductible y paralizan así el propio movimiento que anima a cada ser vivo. Estigmatizar la actividad “de más”, que tiene que ser reeducada, es sólo la parte visible de la máquina de cuantificación que mortifica cada ser vivo en el nombre de la cantidad. Por último, la evaluación acelera la desmaterialización del vínculo social a golpes de teletransmisiones de toda clase. Privado de la palabra, de la posibilidad de movimiento, y amputado del cuerpo a cuerpo salvador, el malestar se cristaliza en una desesperación que conduce al suicidio. Del parvulario al geriátrico, ningún ciudadano se libra de los falsos profetas de la evaluación. Ninguna otra cultura produce tantos muertos en tiempo de paz.
En cincuenta años, la cultura de la evaluación ha colonizado las más nobles instituciones de nuestras democracias: economía, universidad, justicia, salud, etc. Nadie se libra del adoctrinamiento devastador de la evaluación, hasta el punto en el que la libertad menguante encoge durante el lavado de cerebro en regla que éste le administra a la fuerza. La crisis financiera da sin embargo la idea del beneficio que se puede sacar de tales evaluaciones. El consumidor asfixia el ciudadano cuyo sueño democrático se marchita. La crisis de las universidades demuestra hasta qué punto el saber está corrompido por la evaluación, que lo reduce cada vez más a artimañas numéricas tan ineptas como inútiles. La justicia también corre el peligro de sucumbir desde que los expertos en evaluación del alma decidieron pasar por encima de las leyes para imponer la suya: encarcelamiento y detención prolongada según su idea y no por crimen o delito.
La verdadera toma de poder ocurrió en 1978, en la OMS. Fue entonces cuando los adeptos de las TCC inauguraron una burocracia loca que a continuación corrompió las otras administraciones europeas. Con la sustitución de la idea de enfermedad mental por la de salud mental, los adeptos de las TCC abrieron la era de la psiquiatrización forzada de nuestras sociedades. Pues, desde entonces, son los prejuicios de los psiquiatras los que deciden de lo que debe ser la felicidad conforme a La salud mental y así dictan las políticas de salud pública. Cada ciudadano se ve así aplicar, como a los motores, la ley del cero defecto. A penas es posible en el mundo inanimado de los objetos, entonces para los humanos, el defecto que es la vida debe cesar. Una vez admitida la identidad del parte facultativo de un motor y de un humano, la salud mental se calcula gracias al síntoma biopsicosocial y otros riesgos psicosociales. Fueron fabricados para poder encasillar todos y cada uno en categorías para normalizar en el nombre de la susodicha salud mental. Cuanto más la evaluación hace creer que la felicidad es mucho tener en los armarios, más impone su ley a los seres. Entonces, la elección se reduce a conformarse o desaparecer. El informe del Centro de Análisis Estratégica sobre la salud mental demuestra hasta qué punto la evaluación se convirtió en un Estado dentro del Estado. Quiere gobernar, sin reconocerlo, las políticas a las que pretende servir, y sin arriesgarse al veredicto de las urnas.
En esta lucha loca contra los defectos humanos, el acto y sus efectos incalculables están rechazados. Los suicidios de masa demuestran que nunca faltarán Antígonas para recordarlo y negar la sumisión al Creonte burócrata que tomó el poder en silencio. Solo un acto político podrá detener la masacre. ¿No podemos, hasta entonces, recordar que, incluso en las Escrituras, cojear no es un pecado?
Agnes Aflalo
Traducción: Begoña Ansorena

martes, 2 de febrero de 2010

Lo que la evaluación silencia. Un caso urgente: el autismo

¿Por qué un Forum?
Porque es necesario explicar los riesgos de la evaluación limitada a la cifra, que silencia lo particular de cada ser humano.
Porque los criterios de falsa ciencia, sostenida hoy en la ideología de la evaluación, en el uso indiscriminado de los cuestionarios y en los argumentos de evidencia científica, pretenden erradicar la subjetividad en la cultura, en el arte, en la universidad, en el campo médico-sanitario, en el campo legal, pedagógico y social; es decir en todos aquellos ámbitos que atañen a los seres humanos. La ciencia no implica eso.
Porque en todas las disciplinas humanas se impone cada vez más un sesgo cuantificador. En base a un trato supuestamente igualitario, se anulan las diferencias entre los seres humanos y se promueve una homogeneización cuyos efectos son devastadores. La evaluación instala en sus fundamentos  una profunda desconfianza sobre el saber de los profesionales; su trabajo se centra cada vez más en responder a las exigencias del sistema evaluativo, rellenando cuestionarios y elaborando estadísticas.
Porque si todas las intervenciones que atañen al individuo se evalúan con un rasero únicamente cuantitativo estamos destinados a la pobreza de pensamiento y al automatismo mental.

¿Por qué el autismo?
Porque en España el autismo se ha convertido en un caso urgente: dos propuestas, una del Partido Popular dirigida al Senado de España y otra al Parlament de Catalunya, han sembrado una gran preocupación entre profesionales que llevan años dedicándose al diagnóstico y tratamiento del autismo. Estas propuestas entienden el autismo únicamente como una deficiencia cognitiva a ser disminuida y como una dificultad de aprendizaje a ser pedagógicamente tratada.
Sigmund Freud y Jacques Lacan pusieron de relieve la particularidad del ser humano, un ser de lenguaje que se diferencia de los demás seres vivos. El lenguaje humano no es un mero sistema de signos sino una estructura simbólica compleja, ya que  las palabras se articulan con la subjetividad de cada uno y el vínculo social está teñido de esa subjetividad particular.
El psicoanálisis entiende, así, que el tratamiento del autismo no puede reducirse a modelos de adiestramiento de la conducta ni a simplificar la complejidad del habla y del lenguaje humano a ejercicios de comunicación.
El autismo no es una deficiencia ni sólo una categoría clínica, sino una manera límite del ser hablante de situarse en el lenguaje y en el vínculo social.
Porque urge continuar manteniendo en el corazón del ser hablante el enigma que lo constituye y porque el autismo así nos lo enseña.

¿Para qué un Forum sobre autismo?
Para argumentar y reflexionar sobre el riesgo que corremos todos si se pierde de vista la dimensión subjetiva, esa dimensión que implica lo real no acotado por la ciencia.
Para que los profesionales, los que se han psicoanalizado y los que se acercan hoy al psicoanálisis digan lo que saben: que el psicoanálisis es una disciplina de plena vigencia, que aporta la comprensión de un real humano que escapa a la ciencia, y que así lo estudia, lo desarrolla y lo contrasta desde hace más de un siglo.
Para que la sociedad civil y sus gobernantes sean conocedores de esta situación: que sobre la etiología del autismo se sabe muy poco y que sesgar los tratamientos con el argumento de una supuesta evidencia científica es caer en una deducción falsa y una tremenda imprudencia.
Para no limitar la oferta de tratamiento a un único modelo teórico que niega el derecho de los ciudadanos a elegir qué tratamientos prefieren para ellos y/o sus hijos.

Los números son hermosos, sí, siempre que se puedan acompañarse de palabras.
La evaluación impone las cifras en detrimento de las palabras y, así, las silencia.
Pero recordemos, las incógnitas van siempre en letras.